Estoy pasando por una época de desengaño con internet muy fuerte. Es como cuando descubres que tu colega de toda la vida, ese al que tenías idealizado cual jinete montando en unicornio, en realidad es un capullo que no sabe hacer la “O” con un canuto. Y no es que siempre haya sido así, sino que ha ido convirtiéndose tan poco a poco que no has sido capaz de darte cuenta hasta que ha sido tan exagerado que has tenido que parar un momento para ver el panorama; y has flipado en colores.

RIP Internet

Al principio de los tiempos, internet era esta cosa misteriosa que casi nadie conocía y que muchos menos sabían qué se podía hacer con ella o cómo funcionaba. Era uno de esos territorios inexplorados al alcance de todo el mundo donde todo era posible hasta que se demostrara lo contrario y donde la gente se metía a probar mierdas a ver qué se podía hacer con ello y cómo explorarlo. Estoy hablando de cuando Google no existía, te conectabas a internet con un modem de 56 kbps que hacía un ruido loco para conectarse, pagabas por cada minuto que estabas conectado, y no podías hablar por teléfono y navegar a la vez porque era demasiado para la línea. En esta época los conectados éramos una minoría de exploradores curiosos que no sabíamos muy bien qué pasaba o qué se podía hacer, pero nos flipaba la grandeza de la posibilidad; de una red mundial de acceso instantáneo donde cualquiera que tuviera un módem podría consumir y aportar a placer, y a una velocidad ridícula.

12/12/2017
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bor se parte superheroe

De niño quería ser un superhéroe. Me encantaba la idea de ponerme un antifaz y que solo por eso ya se me permitiera hacer todas las cosas increíbles que los mayores no hacían; como volar —aunque fuera tan breve como un salto— o romper paredes con el poder de la imaginación —aunque solo yo pudiera verlo. Yo lo llamaba superpoderes, y era la libertad que te da ver la posibilidad de que todo puede ser diferente si estás dispuesto a echarle las ganas.

17/07/2017
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