De pequeño quiero ser un superhéroe 3'

por Bor Cobritas 17/07/2017

bor se parte superheroe

De niño quería ser un superhéroe. Me encantaba la idea de ponerme un antifaz y que solo por eso ya se me permitiera hacer todas las cosas increíbles que los mayores no hacían; como volar —aunque fuera tan breve como un salto— o romper paredes con el poder de la imaginación —aunque solo yo pudiera verlo. Yo lo llamaba superpoderes, y era la libertad que te da ver la posibilidad de que todo puede ser diferente si estás dispuesto a echarle las ganas.

Además de superhéroe, también fui detective privado, cartero, arquitecto e inventor entre otros. Tenía una insana obsesión con encontrar pistas para resolver casos de alcance internacional, hacer buzones con cajas de zapatos para cartearme con los aliens, construir casas en descampados e inventar cosas que no existían. Es lo que tenía ser un niño, que todavía no sabías dónde estaban las paredes imaginarias y las atravesabas todo el rato mientras los mayores te miraban con envidia y regocijo.

Recuerdo la mayor revelación de mi infancia; ocurrió en el mismo sitio donde han ocurrido casi todas las revelaciones de mi vida adulta: en la barra de un bar. Estaba sentado, con unos 5 o 6 años debajo del culo, bebiéndome un mosto y reflexionando sobre los adultos. Me fascinaban los adultos, de verdad. Como niño, no podía entender que hicieran cosas que no les gustaban, bebiesen cosas amargas, se acostasen tarde y hablaran con todo el mundo, y si bien no tenía ningún interés en los tres primeros puntos, el asunto de hablar con todo el mundo me intrigaba.

Yo hablaba solo con gente que ya conocía —porque hablar es una cosa que haces solo con gente que conoces— y quería hablar con más gente, porque hablar siempre con las mismas personas termina siendo aburrido, aunque familiar; como leer un tebeo por décima vez: es algo que quieres hacer de vez en cuando, pero a diario prefieres tebeos nuevos. Y los tebeos son caros, así que no te puedes comprar uno todos los días, pero la gente no cuesta dinero, solo hay que conocerla.

La única explicación posible era que los adultos conocían a todo el mundo; como si en algún momento de la vida de repente se les concediera ese trozo de sabiduría y entonces ya pudieran hablar sin preocuparse de con quién lo hacían. Yo quería hablar con todo el mundo, pero no era adulto todavía, así que decidí que iba a saltarme el paso de crecer y que yo también iba a conocer a todo el mundo. No que fuera a ir persona a persona presentándome —eso parecía demasiado tedioso, aunque no supiera lo que significaba esa palabra—, sino que ya los conocía a todos. Igual ellos no lo sabían todavía, pero ya se darían cuenta cuando hablara con ellos —porque hablar es una cosa que haces solo con gente que conoces, y si estaba hablando con ellos significaría que ya nos conocíamos.

Era el plan perfecto, y decidí probarlo con la camarera. Fue la primera vez que ligué en un bar.

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3 comentarios

Divorcio 04/08/2017 - 11:03

jajajajajajajja supererohes everywhere. Me encanta tu foto!!!

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pussyteam 21/07/2017 - 10:07

¡Un post precioso! Y tienes toda la razón: muchas veces deberíamos miar el mundo desde los ojos del niño que fuimos y lanzarnos a hacer muchas cosas que, sólo por crecer, ahora nos dan reparo o no están “concebidas” socialmente. ¡¡Nos encanta leerte!!

PD. Nosotras nos sentimos superheroínas cuando cogemos la barra… 😉 https://pussyteam.wordpress.com/2017/05/18/te-sientes-superheroe/

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Bor Cobritas 21/07/2017 - 10:30

Sois superheroínas con y sin barra, chicas. ¡Muchas gracias!

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